El libro de los Hechos de los Apóstoles, escrito por Lucas, continúa la historia de la Iglesia naciente tras la Pascua y la venida del Espíritu Santo. El capítulo 3 sitúa a Pedro y a Juan ante un milagro en el templo que abre la puerta a la proclamación de Jesucristo resucitado. En la Puerta Hermosa, un hombre cojo desde el nacimiento recibe sanación mediante la fe en el nombre de Jesús, y el anuncio público del kerygma provoca asombro y réplica. Este pasaje combina signo y palabra: la señal del milagro llama a la fe, y el sermón de Pedro invita a la conversión y a la pertenencia a la comunidad de creyentes. Es, por tanto, un puente entre la acción de Dios y la enseñanza de la Iglesia primitiva.
Texto y contexto de Hch 3
En Jerusalén, poco después de Pentecostés, Pedro y Juan suben al templo para orar a la hora nona junto a la Puerta Hermosa. Allí encuentran a un hombre cojo de nacimiento que cada día era puesto a pedir limosna junto a la entrada del templo. El milagro de la curación se realiza en el nombre de Jesucristo de Nazaret y es visible para todos los presentes.
La escena provoca asombro; la gente se agrupa y se pregunta qué significa. Pedro aprovecha para señalar que la sanación no proviene de su poder, sino de la fe en Jesucristo resucitado y de la acción del Espíritu Santo que obra en la Iglesia.
El sermón de Pedro continúa con una llamada a la conversión: arrepentirse y volverse a Dios para recibir el perdón de los pecados, ya que la promesa de Dios se cumple en la venida de su siervo. En medio de la proclamación, los discípulos sostienen que la curación es signo de la presencia salvadora de Cristo y de la gracia que transforma la vida.
Hacia el final del capítulo, se percibe la tensión entre la autoridad de los dirigentes religiosos y la misión de la Iglesia naciente. A pesar de la prohibición de hablar en nombre de Jesús, Pedro y los apóstoles continúan anunciando la salvación en Cristo. El pasaje concluye afirmando la gracia que crece en la comunidad y en la enseñanza de los apóstoles, fortaleciendo la fe de los creyentes.
Versículos clave de Hch 3
Hch 3:1 — Pedro y Juan subían
Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena de la oración — Biblia de Jerusalén
La escena inicial sitúa la vida bilingüe de la primera comunidad: oración en común, caminar cotidiano y apertura a lo extraordinario cuando Dios interviene. Este versículo introduce el marco de la acción apostólica en Jerusalén y el ritmo de fe y vida compartida. Teológicamente, muestra que la oración precede al anuncio y que la misión surge desde la vida de comunión.
Hch 3:3 — El, cuando vio
El, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar, les pidió limosnas. — Biblia de Jerusalén
Este versículo revela la condición humana necesitada y la oportunidad para la gracia. En lo pastoral, invita a la caridad y a la dignidad del prójimo, recordando que la sanidad física va acompañada de la sanidad espiritual. Es un preludio al anuncio que seguirá, que da sentido a la obra de Dios en medio de la vulnerabilidad humana.
Hch 3:6 — En el nombre
En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. — Biblia de Jerusalén
La autoridad de Jesús se manifiesta de forma soberana: la fe en su nombre provoca la curación real. Este versículo subraya la centralidad de la fe y de la autoridad salvadora de Cristo para la vida del creyente. Pastoralmente, invita a mirar a Cristo como fuente de vida y a confiar en su poder para transformar situaciones difíciles.
Hch 3:7 — Le tomó
Le tomó por la mano derecha y, al instante, se fortalecieron sus pies y tobillos. — Biblia de Jerusalén
La acción de tomar de la mano derecha simboliza la gracia que asiste al ser humano en su debilidad. Se destaca la solidaridad de la comunidad de fe: no es solo un milagro pasivo, sino un acto de acompañamiento y fe compartida. El resultado es una vida nueva que entra en la vida litúrgica y comunitaria del templo.
Hch 3:13 — El Dios
El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús. — Biblia de Jerusalén
Pedro presenta a Jesús como cumplimiento de la promesa y como la figura del sufrimiento inocente que fue exaltada. La teología de este versículo une las narraciones del Antiguo y del Nuevo Testamento, mostrando la continuidad de la salvación en Cristo. Pastoralmente, invita a la comunidad a confiar en la acción de Dios y a reconocer la obra de Jesús en medio de la historia.
Hch 3:19 — Arrepentíos
Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados. — Biblia de Jerusalén
Este versículo resume la invitación fundamental de la predicación apostólica: la conversión y la fe en Cristo traen perdón y renovación. Es comunión entre la gracia de Dios y la respuesta del hombre; no hay salvación sin respuesta de fe. En la vida pastoral, impulsa a la catequesis, a la confesión y a una vida de santidad.
Hch 3:22 — Moisés dijo
Moisés dijo a los hijos de Israel: El Señor Dios levantará un profeta como yo. — Biblia de Jerusalén
La cita de Moisés situa a Jesús como el profeta definitivo, que interpela a toda la comunidad. Abre la comprensión de la misión de Jesús y la continuidad de la alianza con el Ungido. Para la vida cristiana, significa escuchar la palabra de Dios en la persona de Cristo y vivirla en la fe comunitaria.
Hch 3:26 — A vosotros
A vosotros, primeramente, Dios levantó a su siervo para bendeciros, para que volváis de vuestra maldad. — Biblia de Jerusalén
Este verso cierra la ideas centrales del capítulo: la salvación llega primero a la comunidad de la Alianza y se extiende al resto de la humanidad. Habla de la gracia que llama a la conversión y a la vida nueva en Cristo. En la vida litúrgica, recuerda la misión misionera de la Iglesia a toda la humanidad.
Enseñanza de la Iglesia sobre este pasaje
La Iglesia, siguiendo a los Padres y al Magisterio, enseña que este pasaje subraya la autoridad y la misión de los apóstoles en la Iglesia primitiva: el poder de sanar y la capacidad de perdonar pecados están derivados de Cristo resucitado. Se enfatiza la necesidad de arrepentimiento y conversión como respuesta adecuada a la gracia. Este texto también ilumina la relación entre signo (milagro) y palabra (predicación) y su conexión con la vida sacramental: la fe que recibe los sacramentos nace de la escucha de la Palabra y de la acción de la gracia.
Este capítulo en la Liturgia
En la liturgia católica, este pasaje aparece en las lecturas de la Misa cuando se contemplan los Hechos de los Apóstoles y la misión de la Iglesia. Se utiliza especialmente durante el Tiempo Pascual y en celebraciones que destacan el testimonio de la Iglesia primitiva y la obra del Espíritu Santo. También se puede leer en la Liturgia de las Horas, en los salmos y antífonas que acompañan el tema de la fe, la curación y la conversión.
Para la meditación — Lectio Divina breve
Versículo: En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda (Hch 3:6).
Pregunta de meditación: ¿Qué “nombre” de Jesucristo necesito invocar hoy para pedir la vida nueva en mi cuerpo y en mi alma?
Oración corta: Señor Jesús, tú que escuchas y liberas, fortalece mi fe para que, al confiar en tu nombre, pueda vivir una vida renovada y testimoniar tu misericordia en mi comunidad. Amén.
FAQ
-
¿Qué milagro se describe en Hch 3 y qué revela sobre la autoridad de Jesús?
Se describe la curación de un hombre cojo en la Puerta Hermosa. Revela que la autoridad para obrar el bien proviene de Jesucristo resucitado y que la fe en su nombre tiene poder para renovar la vida humana.
-
¿Cuál es la relación entre el milagro y la predicación en este capítulo?
El milagro sirve como signo que abre la puerta a la predicación. Tras la curación, Pedro proclama a Jesús como el cumplimiento de las promesas de Dios y llama a la conversión.
-
¿Qué nos enseña este pasaje sobre la conversión y el perdón?
Invita a arrepentirse y a convertir el corazón para recibir el perdón de los pecados. La gracia de Dios se ofrece a través de la fe en Cristo y produce una vida transformada en comunidad.
-
¿Cómo se entiende la tensión entre la autoridad religiosa y la misión de la Iglesia en este capítulo?
La autoridad religiosa intenta silenciar a los apóstoles, pero la Iglesia responde con fidelidad al llamado de anunciar la salvación en Cristo. Este dinamismo muestra la primacía de la verdad moral y la misión de testimonio que continúa en la Iglesia hasta hoy.

