El libro de los Salmos, columna central de la oración bíblica del pueblo de Dios, acompaña a Israel y a la Iglesia en la alabanza, la penitencia y la súplica. El Salmo 95, conocido popularmente como «Venid, aplaudid», pertenece a la tríada de himnos de alabanza que invitan a la liturgia de la comunidad. Situado en la tradición hebrea como un llamado a la adoración y a la escucha de la voz de Dios, este salmo también se inserta en la experiencia del desierto y en la memoria de la obediencia o desobediencia del pueblo. En la Iglesia Católica, se lee como una exhortación a una fe que escucha y obedece, y como una guía para la vida litúrgica y espiritual.

