El libro de los Salmos agrupa cantos que expresan desde la alabanza hasta la suplica. Dentro de la colección, Salmo 123 pertenece a la serie de los llamados Salmos de Ascenso (Shir Hamaʼalot), oraciones de peregrinos que suben hacia Jerusalén para adorar en el Templo. Este Salmo breve, de tono luctuoso y de confianza, invita a esperar la misericordia de Dios frente a la burla de los poderosos. Aunque de autoría anónima, encarna la experiencia de la oración comunitaria que distingue al peregrino que confía en la fidelidad divina y en la paciencia en la presencia de Dios. En la tradición litúrgica, acompaña la vida de fe de la Iglesia como oración de súplica y confianza en la misericordia divina.
Texto y contexto de Sal 123
Verso 1: A ti alzo los ojos, oh tú que habitas en los cielos. El salmista reconoce la trascendencia de Dios y se postra en actitud de oración desde la tierra, en una peregrinación espiritual que mira hacia lo alto.
Verso 2: He aquí, como los ojos de los siervos miran a la mano de su señor; como los ojos de la criada miran a la mano de su señora; así nuestros ojos miran al Señor, nuestro Dios, hasta que tenga misericordia de nosotros. Se usa una imagen de expectación paciente: el creyente espera la acción misericordiosa de Dios como quien aguarda la respuesta de un amo o de un amo/a ante una necesidad.
Verso 3: Ten misericordia de nosotros, oh Señor, ten misericordia de nosotros; porque estamos hartos de desprecio. El salmista confiesa la experiencia de insultos o desprecio que rodea a la comunidad, y eleva su petición confiando en la compasión divina.
Verso 4: Nuestra alma está hartísima de la burla de los que están a reposo, y del desprecio de los orgullosos. Se enfatiza la situación de vulnerabilidad ante aquellos que se exhiben en su poder; sin embargo, la esperanza permanece en Dios, que escucha y actúa con misericordia.
Versículos clave de Sal 123
Sal 123:1 — A ti alzo
A ti alzo los ojos, oh tú que habitas en los cielos. — Biblia de Jerusalén
La apertura establece la actitud de la oración: mirar hacia Dios, reconocida como el único que gobierna el universo, y que recibe la súplica con íntima cercanía. Es un modelo de fe que sitúa la confianza en la acción divina por encima de las circunstancias terrenas.
Sal 123:2 — He aquí
He aquí, como los ojos de los siervos miran a la mano de su señor; como los ojos de la criada miran a la mano de su señora; así nuestros ojos miran al Señor, nuestro Dios, hasta que tenga misericordia de nosotros. — Biblia de Jerusalén
La imagen de espera activa recuerda que la relación con Dios es de confianza y paciencia. La misericordia de Dios se presenta como la meta de esa espera y como el acto que libera a la comunidad de la angustia.
Sal 123:3 — Ten misericordia
Ten misericordia de nosotros, oh Señor, ten misericordia de nosotros; porque estamos hartos de desprecio. — Biblia de Jerusalén
La súplica señala una necesidad concreta: la experiencia de desprecio y cansancio espiritual. En la oración bíblica, la misericordia de Dios se revela como la respuesta que transforma el dolor en confianza.
Sal 123:4 — Nuestra alma
Nuestra alma está hartísima de la burla de los que están a reposo, y del desprecio de los orgullosos. — Biblia de Jerusalén
El último verso subraya la profundidad del mal recibido y la esperanza que se mantiene en Dios. Es un llamado a sostener la fe frente a la burla y a reconocer la soberanía de Dios sobre todo poder humano.
Enseñanza de la Iglesia sobre este pasaje
La Iglesia enseña que este Salmo, propio de los cantos de ascenso, invita a la confianza filial en la misericordia de Dios, incluso cuando el mundo parece burlarse de la fe. En la patrística, se ve como modelo de oración perseverante que no cede ante la ansiedad ni la arrogancia, sino que se abre a la acción divina. En términos sacramentales y pastorales, el Salmo 123 anima a la Iglesia a buscar la misericordia de Dios en la oración, a través de la humildad y de la confianza en la gracia divina, que se realiza de manera especial en la experiencia de los sacramentos y en la vida de la gracia. Su mensaje acompaña la vida penitencial y la esperanza cristiana frente a la adversidad.
Este capítulo en la Liturgia
Salmo 123 forma parte de los Salmos de Ascenso (Salmos 120–134), utilizados de forma regular en la Liturgia de las Horas. En la tradición católica, estos cantos acompañan la oración de Laudes y Vísperas durante las siguientes semanas litúrgicas y en momentos de peregrinación espiritual, recordando la mirada de fe hacia Dios y la confianza en su misericordia en medio de pruebas.
Para la meditación — Lectio Divina breve
Versículo para la meditación: «Así nuestros ojos miran al Señor, nuestro Dios, hasta que tenga misericordia de nosotros.»
Pregunta de meditación: ¿Qué me impide confiar plenamente en la misericordia de Dios y cómo puedo cultivar una mirada de fe viva en medio de las pruebas?
Oración corta: Señor misericordioso, haz que mis ojos se mantengan fijos en ti, y que espere siempre tu gracia con paciencia y alegría. Amén.
Preguntas frecuentes
- ¿Qué tema central expresa Salmo 123? Es un cántico de confianza en la misericordia de Dios ante la burla y el desprecio, en el marco de la peregrinación de fe.
- ¿Quién habla en este Salmo? El salmista, voz de un peregrino, que eleva sus ojos al cielo y espera la intervención misericordiosa de Dios.
- ¿Cómo se aplica este pasaje a la vida de la Iglesia? Invita a la oración perseverante, a la humildad ante Dios y a la confianza en su misericordia, especialmente en la experiencia de la Iglesia ante las pruebas del mundo.
- ¿Qué relación tiene con la liturgia y la oración diaria? Es parte de los Salmos de Ascenso, usados en Laudes y Vísperas, para cultivar una mirada de fe y una esperanza sostenida por la gracia de Dios.

