El libro del Apocalipsis, atribuido al apóstol San Juan, nace en un contexto de persecución y esperanza para la Iglesia de Patmos. El capítulo 19 llega tras la caída de la gran ciudad simbólica en el capítulo 18 y abre la última sección que culmina en la victoria de Cristo. Es un pasaje de júbilo celestial, de la boda del Cordero, y de la venida gloriosa del Rey de reyes. Para la fe católica, Apocalipsis 19 ratifica la promesa de Dios: el mal es vencido y la historia se orienta hacia la plena manifestación del reino de Dios. Este capítulo invita a la liturgia, a la oración y a una contemplación sobria de la verdad escatológica.
Texto y contexto de Ap 19
Versos 1-2: En el cielo resuena un gran cántico de alabanza, proclamando que la salvación y el poder pertenecen a Dios, por sus juicios justos contra la gran ramera y la vindicación de los siervos de Dios. Se presenta la justicia divina como motivo de júbilo para la asamblea celestial.
Versos 3-5: El humo de Babilonia se eleva; los ángeles y la gloria de la corte celestial se suman a la alabanza, reforzando que Dios es justo en sus sentencias y en su vindicación de la verdad.
Versos 6-10: Se escucha la voz de una gran multitud que celebra la llegada del reino de Dios. Se anuncia la boda del Cordero, y se invita a los fieles a participar de la alianza definitiva entre Cristo y su Iglesia. Un ángel aclara el sentido de la revelación y la obediencia de la Iglesia ante el Misterio.
Versos 11-16: La escena se desplaza a la venida de Cristo: el Juez Justo cabalga sobre un caballo blanco. Su nombre es Fiel y Verdadero; con justicia juzga y pelea. Se afirma Su suprema autoridad: Rey de reyes y Señor de señores.
Versos 17-21: Se describe la derrota definitiva de las fuerzas del mal: el dragón, la bestia y el falso profeta son lanzados al lago de fuego y los enemigos son derrotados por la palabra de Cristo, mientras las aves se sacian de sus carnes. Es la consumación del combate escatológico y la inauguración del reino eterno.

